LA ISLA DE LAS MUÑECAS.

Un lugar de cientos de muñecas usadas decapitadas, rotas colgadas en árboles. Se cuenta que por las noches corren por un  terreno cercano a los canales, muchas muñecas destartaladas, feas y sucias causando mucho temor.

La leyenda de Xochimilco México. Dice, que don Julián un hombre mayor enfermo de los nervios y muy pobre vivía en un terreno, en la orilla de un canal de Xochimilco, era propietario de una pequeña barca  donde vende ramos de flores a los visitantes mientras pasean en las chinanpas por los canales

Muñecas destartaladas corren por las noches.

Su casa está muy atrás de todos sus vecinos, desde hace mucho tiempo en su largo andar, ha recogido muchas muñecas  o pedazos de ellas, en las calles, en los basureros o las niñas visitantes por olvido las hayan dejado, al principio cuando llegaba a su casa las amontonaba cerca de la puerta;Pasando el tiempo formo cerros de restos muñecas de todo tipo de materiales, tela, cerámica, plástico y celoloy; algunas no tienen ojos, cabeza, brazos  o piernas, a veces en su día libre las lavaba y las a completaba con los mismos pedazos, aunque no sea del mismo material; las escoraba en otro cerro formando muñecas más o menos completas.

Una hermana hechicera trabajó a las muñecas.

Un día después del regreso de su venta de flores, se dió cuenta que habían entrado unos ladrones a llevarse lo poco que tenía, su catre donde descansaba, su radio viejo, su ropa y algunos pesos que guardaba, salió a la puerta a llorar desconsoladamente, en ese momento llegó su hermana que de vez en cuando lo va a visitar y lo vio tan triste que se quedó con él, durante la noche los dos se pusieron a colgar la muñecas en los árboles, algunas amarradas en los troncos  aprovechando que había luna llena, mientras estaban encendidas unas velas regadas por todo el terreno.

Se cuenta, Que la hermana era una bruja y lo ayudó un poco, que hay una muñeca grande sentada en un pequeño sillón dentro de la casa de don Julián, que por las noches  liderea  las que están afuera, corriendo o trepando los árboles, las que están colgadas, se columpian, cuando pasan los vecinos las ven y ellas los miran con ojos y sonrisa tenebrosa, ellas cuidan ahora el terreno.

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