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SUEÑO CON NIÑOS

ALONZO NOVELO

Lorena, una niña de siete años de ojos grandes, pestañas volteadas y extrovertida conversaba con su mamá Tere, una señora bonita consentidora; le hablaba de sus sueños que había tenido la noche anterior, la niña decía que estaba en un patio que tenía muchos árboles, -pero yo soy grande, como tú, mamá; cuidaba a unos niños, cuatro varones y dos niñas, en mi sueño eran mis hijos, oíste mamá,  y se llamaban: Irán, Isaac, Raúl, Tomás, Alma y Regina; y yo me llamaba Leonora-; -que chistoso sueño-. Doña Tere la escuchaba con atención y le dijo -hijita, mientras me cuentas, pon en su lugar esos juguetes tirados-, Lorena obedecía y continuaba contando su sueño.

Pasaban los días, no era nada raro que en el camino a la escuela ella hablaba de los mismos niños, pero diferentes episodios, Lorena decía -¿mamá sabes que le paso a Tomas?-, la mamá preguntó -¿Qué le pasó a Tomás?-,-se cayó del columpio de llanta y se lastimó con una piedrota que estaba cerca, le pusieron esa cosa blanca dura en su pierna, como cuando se le quebró el brazo a papá-, su mamá le dijo: se lo enyesaron; Lorena contestó: eso. Leer más »

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AMOR EN EL TIANGUIS

ALONZO NOVELO

Doña Ignacia, una señora agradable de la tercera edad, no se perdía un domingo para ir al tianguis que se pone muy cerca de su casa, ahí se iba jalando su carrito de compras; ella disfrutaba viendo todas las mesas de los productos que vendían, nuevos, seminuevos y puras chucherías, esto era lo que más le llamaba la atención, después de caminar unas cuantas esquinas de ver muchos puestos sin comprar, se paró viendo unas cosas antiguas que estaban asentadas sobre un plástico negro, en el suelo habían collares, tazas, adornos de herrería y muchas cajas tipo alhajero de diversos materiales de diversos materiales, uno de estos, le impulsó obtenerlo, se inclinó para agarrarlo y preguntó ¿Cuánto?- quince pesos- enseguida lo pagó, es una caja como de 30 cm de largo forrada de cuero color guinda encima de la tapa y sus costados estaban sobrepuestos unos alacranes grandes del mismo color, los aguijones las puntas de sus patas y sus ojos parecían hechos de huesos y dientes, los pequeños herrajes un poco desprendidos y oxidados; la artesanía era buena pero estaba llena de polvo, no importaba, también se enamoró de un cuadro grande que estaba detrás de aquellas cajas y preguntó:¿Cuánto la pintura? la ventera dijo; 180 pesos es mucho te doy 100 pesos contestó doña Ignacia, – llévesela- contesto la ventera, el cuadro era de un pequeñísimo barco pirata en un mar azul, unos delfines que brincaban y se sumergían y las gaviotas que volaban, en el extremo izquierdo del cuadro apenas salía la punta de una isla

Ya en su casa después de limpiar lo adquirido, admiraba minuciosamente los alacranes, sentía que la veían fijamente, al cuadro,hasta barniz le puso al marco, nada más un detalle que el galeón ya no se veía tan chiquito, se levantó llevándoselos a su cuarto que por cierto muy limpio y ordenado, viendo sus paredes azules solamente pensaba donde colgaría la pintura, en el único lugar es donde está la foto de su difunto esposo ella le habló- lo siento chato- puso el cuadro y la foto del finado se fue a su bodega; la caja de los alacranes lo asentó en su Leer más »

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LA DIENTES

ALONZO NOVELO

La Dientes, tiene sombra

de suspiro de niebla,

ejerce una especie de fascinación

a la parafina y flores.

La Dientes, respira ausencia

acompañando al que está en paz

ninguna preocupación le quema

el dolor no tiene boleto.

El otro mundo, huele a vacaciones

los que se quedan, invocan el berrinche

el durmiente es invitado a veranear,

no hay espinas ni agujas en el reposo

junto al tendido, los de pie

cayéndose en un precipicio,

reclaman, le faltaba mucho por hacer.

La Dientes tiró su escarcha de sorpresa.

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